Tenía unos 3 años cuando irrumpí con el modelaje en la mesa
del comedor de mi abuelo, algo impensado en aquellos tiempos en donde los hijos
lo mas cercano que habían podido estar de aquello era escondiéndose debajo de
la gran mesa. Habré participado en uno que otro desfile poblacional cuando a
los 5 años tuve que ingresar al kínder y
fui elegida candidata reina y entre las actividades de candidata me di cuenta
que tenia talento para el baile. La tia del kínder me metió en cada acto
coreográfico que encontró y siempre como bailarina principal. Sufrí cuando era
el dia de las américas y todas mis compañeritas bailaron con falditas de
colores y con una banderita en la mano
cada una representando a un país latinoamericano y a mi me envolvieron en una entonces no tan valorada
por mi, bandera chilena y con eso tuve que salir a bailar toda tapada y fea. Me
pasaron una paloma blanca y me dijeron.
- - sonríe, tu eres la mas importante
Mientras yo sufría por mi atuendo tricolor enganchado con
alfileres y la paloma blanca que tenia
que soltar a volar al terminar el baile. Fue vergonzoso, nadie me dijo que si
no lanzaba la paloma esta no abriría las alas automáticamente al terminar la canción.
No la solté hasta que tenía a 3 apoderadas encima mío quitándomela.
Me cambiaron de colegio y en primero básico me inicie en la
actividades extracurriculares de Ballet, fue lindo, dancé harto, lloré también.
Pero mi mamá me repetía que si quería ser buena bailarina tendría que
acostumbrarme al sufrimiento, porque bailar ballet clásico no es ninguna
tontera y son hijas del rigor; de pronto ya en un quinto básico me vi atrapada
por la flojera de las primeras hormonas pre-adolescentes y sucumbí a la academia
de ballet y el sueño de un día conquistar los mejores teatros del mundo dando
vueltas. Ahora me llamaba la atención una nueva actividad, el teatro, pero fue
una mala jugada, di la prueba de ingreso, habían 2 cupos, y aceptaron a una
niña de 7mo y una niña nueva que era del otro 5to. Nunca entendí que hice mal
si yo me sentía de lo mas teatrera que hay. Ese año mis papás decidieron
emigrar y nos cambiamos de ciudad, así fui a parar, no se como, a un colegio
seudo católico que no tenia actividades extraescolares como el anterior. Pero
mi manía de siempre de hacer algo y también de mi suerte, justo ese año se
impartió por primera vez un taller literario por el porfesor que se encontraba
haciendo un reemplazo de la profesora de lenguaje, onda “el reemplazante”,
salvo mis días. En el taller literario descubrí que además de mover las patitas
era buena escribiendo poemas y cuentos. Me metí de lleno en el mundo literario
y empecé actividades hasta los fines de semana, me publicaron poemitas en
revistas y todo, fue una época exitosa, pero como todo en mi vida, terminó dándome
lata y busque nuevas experiencias, a esas alturas ya había descubierto que no pasaría
del metro sesenta, por lo que vi el sueño de modeloca escaparse para siempre, como
ya estaba mayor busque algo más apropiado a una niña de 15 años y empecé con la
pintura en óleo, pero eso duro poco, me frustré mucho cuando hice un cuadro
lleno de conejos y el profesor me dijo que no estaba logrando el objetivo de
plasmar a Cortazar. Como ya en esos años
había ingresado a mi glorioso liceo de música decidí desviar todas mi energías
en él. Alcance a practicar un par de años el violín, pero lo que mas me llamó la atención fue el canto. Di la prueba de ingreso y como me lo había esperado
fui rechazada por desafinada, pero yo y mi suerte, ese mismo año ingresó un
nuevo profesor, hizo nuevas audiciones y esta vez, aunque ni yo me lo creia, fui aceptada en la cuerda de contraaltos, fui feliz
por 2 años cantando grave hasta que un día haciendo rabiar a mi profesor en la cátedra de canto por que
no me salía mi parte y desafinaba, me hizo cantar, yo creo para matar todas mis
cuerdas vocales de una vez, hasta la nota mas alta que pudo y para mi sorpresa
y su sufrimiento, diagnosticó que de contraalto no tenia nada y que lo mío era
ser soprano. Pues estuve 2 años mas, esta vez en la cuerda de sopranos primeras, del glorioso coro polifónico del liceo de música de copiapo.
A mis 18, ya se habían acabado los 12 juegos y tenía que
decidir qué hacer con mi vida, me fue bien en la prueba de ingreso a la
universidad pero no me alcanzaba para una carrera medica que ero lo que más me
tincaba y tuve que buscar otras opciones … como en esos años tenía un pololo al
cual admiraba mucho y me comento que uno de sus opciones fue estudiar
publicidad, la tome como opción propia y la puse como primera opción, luego odontología,
luego ingeniera comercial, luego teatro, luego ingeniera forestal y asi, mi última
opción fue ingeniera en minas, estaba súper clara en lo que quería.
Ingresé a la alma
mater usach, a estudiar publicidad, no me basto con eso y quise seguir con
la música entrando al coro de la universidad… pero no era lo mismo sin mi
profesor del liceo y dure un año no más allí, no sin antes cantar a todo pulmón
el Carmina Burana en el teatro
municipal de Santiago, toda una experiencia.
Por esos años solo me dedique a “hacer monos”, sin duda si
te quieres divertir, estudiar publicidad es una gran alternativa. Me titulé,
ingresé a trabajar, no me gustó, volví a intentar con teatro di un par de
audiciones quedé en ambas universidades, cuando decidí cual, estaba sentadita
en la sala de matrícula de la finis terrae
lista para firmar y sentenciar mi ingreso, cuando tuve una visión de que pasaría
hambre como teatrera, y resulta que soy buena para comer. Desistí de esa
aventura, para la desilusión de mi papá que ya se había hecho la idea de verme
en teleseries como soltera otra vez,
reemplazando a la Lorena Bosch.
